Autor: Pérez Wilmer
C.I
N° 11.760.943
LA FORMACIÓN DE VALORES DESDE EN UN ENFOQUE PEDAGÓGICO EN
LA EDUCACIÓN SUPERIOR.
La educación en valores
es sencillamente educar moralmente porque los valores enseñan al individuo a
comportarse como hombre, a establecer jerarquías entre las cosas, a través de
ellos llegan a la convicción de que algo importa o no importa, tiene por objetivo
lograr nuevas formas de entender la vida, de construir la historia personal y colectiva, también se
promueve el respeto a todos los valores y opciones.
Los valores pueden ser
realizados, descubiertos e incorporados por el ser humano, por ello reside su
importancia pedagógica, esta incorporación, realización, descubrimiento son
tres pilares básicos de toda tarea educativa; necesitan la participación de
toda la comunidad educativa en forma coherente y efectiva.
De allí la misión de la universidad es instruir y
preparar para el ejercicio de una profesión, para la investigación o la
docencia, y no la de educar o la de asumir tareas propiamente pedagógicas o
introducir “moralismos”.
Las instituciones
educativas tendrían que dar respuesta a los problemas de la vida, siguiendo a
Domínguez Chillón (1996), no sólo facilitando el conocimiento sino estimulando
actitudes positivas y propiciando conductas y hábitos favorables a los valores.
Es por ello, que
(Bolívar Botía,1998) señala: “…necesitamos instrumentos, estrategias y
sugerencias prácticas sobre las formas y situaciones en que se puede realizar
la evaluación en este ámbito, para el que no contamos con una tradición y un
cuerpo de conocimientos ni con unas técnicas de evaluación”. Esto quiere decir, que el docente
debe intencional estrategias didácticas que involucren al individuo en
actividades conscientes, protagónica y comprometida donde connota lo
socialmente significativo de la realidad hacia el rendimiento humano, de forma
integral las particularidades de la
formación y el desarrollo de los valores en el individuo.
A modo de reflexión en la sociedad actual y en la denominada sociedad del conocimiento, se requieren de profesionales con alto sentido crítico y
ético, que tengan una formación integral técnica,
científica, social y humanística, y que sean
capaces de dar respuestas a las crecientes exigencias a las que se enfrentarán en su vida profesional como ciudadanos y
seres humanos. Sin embargo, para que esto
sea posible, es necesario en primer lugar, que
el docente asuma una actitud crítica desde y en su propia formación, la cual sea asumida desde la
perspectiva de la formación integral fundamentada en cinco componentes: ético, pedagógico, científico, humanístico y
tecnológico.
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