martes, 7 de junio de 2016

WILMER PEREZ


 Autor: Pérez Wilmer

C.I N° 11.760.943

LA FORMACIÓN DE VALORES DESDE EN UN ENFOQUE PEDAGÓGICO EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR.
La educación en valores es sencillamente educar moralmente porque los valores enseñan al individuo a comportarse como hombre, a establecer jerarquías entre las cosas, a través de ellos llegan a la convicción de que algo importa o no importa, tiene por objetivo lograr nuevas formas de entender la vida, de construir la  historia personal y colectiva, también se promueve el respeto a todos los valores y opciones.
Los valores pueden ser realizados, descubiertos e incorporados por el ser humano, por ello reside su importancia pedagógica, esta incorporación, realización, descubrimiento son tres pilares básicos de toda tarea educativa; necesitan la participación de toda la comunidad educativa en forma coherente y efectiva.
De allí la misión de la universidad es instruir y preparar para el ejercicio de una profesión, para la investigación o la docencia, y no la de educar o la de asumir tareas propiamente pedagógicas o introducir “moralismos”.
 Las instituciones educativas tendrían que dar respuesta a los problemas de la vida, siguiendo a Domínguez Chillón (1996), no sólo facilitando el conocimiento sino estimulando actitudes positivas y propiciando conductas y hábitos favorables a los valores.
 Es por ello, que (Bolívar Botía,1998) señala: “…necesitamos instrumentos, estrategias y sugerencias prácticas sobre las formas y situaciones en que se puede realizar la evaluación en este ámbito, para el que no contamos con una tradición y un cuerpo de conocimientos ni con unas técnicas de evaluación”. Esto quiere decir, que el docente debe intencional estrategias didácticas que involucren al individuo en actividades conscientes, protagónica y comprometida donde connota lo socialmente significativo de la realidad hacia el rendimiento humano, de forma integral las  particularidades de la formación y el desarrollo de los valores en el individuo.
       A modo de reflexión en la sociedad actual y en la denominada sociedad del conocimiento, se requieren de profesionales con alto sentido crítico y ético, que tengan una formación integral técnica, científica, social y humanística, y que sean capaces de dar respuestas a las crecientes exigencias a las que se enfrentarán en su vida profesional como ciudadanos y seres humanos. Sin embargo, para que esto sea posible, es necesario en primer lugar, que el docente asuma una actitud crítica desde y en su propia formación, la cual sea asumida desde la perspectiva de la formación integral fundamentada en cinco componentes: ético, pedagógico, científico, humanístico y tecnológico.

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