Persida Toro
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EDUCAR VALORES EN LA UNIVERSIDAD
La educación en valores constituye hoy día
un objetivo esencial en todos los niveles de enseñanza y, en particular, en la
Educación Superior si tenemos en cuenta cómo en los últimos años se ha centrado
la atención en la necesidad de la formación humanista del profesional. La
Educación Superior Contemporánea tiene la misión de “formar profesionales
altamente capacitados que actúen como ciudadanos responsables, competentes y
comprometidos con el desarrollo social” (UNESCO, 1998), misión que no es
posible cumplir desde los postulados de una enseñanza tradicional que centra la
atención en el profesor como transmisor de conocimientos y valores que son reproducidos
por los estudiantes de forma acrítica y descontextualizada de la práctica
profesional.
El profesor universitario actual ha de ser
un experto en su materia que manifieste ante todo dominio de los conocimientos
de la asignatura o área de conocimiento que trabaja. La diferencia en la
experticia del profesor actual con relación al tradicional se manifiesta en la
posibilidad de ser un gestor de información y no un transmisor de conocimientos
acabados como verdades absolutas, en tanto comparte sus conocimientos,
vivencias, experiencias, y reflexiones con sus alumnos, respecto a los
contenidos de enseñanza, en un ambiente democrático que los motiva a
profundizar en el estudio y les orienta, no sólo sobre las fuentes
bibliográficas a utilizar, sino también cómo y dónde procurarlas.
Para lograr cumplir las funciones anteriores el profesor universitario
ha de ser para sus estudiantes un modelo de actuación personal y profesional,
un ejemplo que estimule a sus estudiantes en el proceso de su construcción como
persona en el el profesor no ha logrado un desarrollo profesional que se
exprese en su motivación por la profesión, su dedicación y entrega al trabajo,
su condición de experto en el área de conocimientos que trabaja y su formación
psicopedagógica que le posibilite establecer un proceso de comunicación con sus
estudiantes sustentado en el diálogo. Pero además, ser modelo de actuación
implica necesariamente el desarrollo del profesor como persona moral. Para ser
modelo hay que ser coherente, tiene que mostrar correspondencia entre lo que
dice y hace, tiene que expresar vocación y compromiso con la educación, sólo
así puede ser un ejemplo para sus alumnos.
Resulta, por tanto, una necesidad preparar al profesorado
universitario para educar en valores desde todos los espacios curriculares y,
en particular, desde sus
asignaturas. En la concepción de la orientación profesional como estrategia educativa para el desarrollo de valores en estudiantes
universitarios se puede asumir los siguientes principios:
En
virtud de este principio se plantea la necesidad de entender que el estudiante universitario asuma una
posición activa en la construcción de sus conocimientos, intereses,
habilidades profesionales y por supuesto, en la formación de una actuación profesional responsable.
Ello implica reconocer la necesidad de diseñar situaciones de aprendizaje en el
proceso de formación profesional que estimulen
la iniciativa, independencia y responsabilidad del estudiante en el desarrollo
de tareas de contenido profesional.

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