lunes, 6 de junio de 2016

MARY PARRA



                       Por: Mary Parra
                          V-11.757.692
                 Ing.maryparra@gmail.com
       Maestrante en Docencia Universitaria
                             Unellez Apure





















EDUCAR EN VALORES: ETICA Y EDUCACIÓN SUPERIOR
“Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.”  John Ruskin.
     Durkheim conceptualiza la educación como “un proceso de transmisión cultural de una generación a otra”, también expresa que “la acción de educar consiste en enseñar, desarrollar las facultades intelectuales, morales y dirigir la inclinación del educando”.     La educación más que un fin es el medio a través del cual se desarrolla la capacidad intelectual, moral y afectiva del individuo de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece.   
      En Venezuela la educación es un derecho consagrado en la carta Magna,  donde la educación informal es competencia de la familia y  la educación formal es impartida en los centros educativos de educación preescolar, primaria, básica, media y superior. 
     Cada una de las etapas previas supone el establecimiento de los cimientos sobre los cuales se desarrollaran los subsiguientes, y ello se evidencia claramente al hacer evaluación diagnóstica que permiten la identificación de vacíos en las ciencias básicas y exactas (lenguaje, matemáticas, biología y otros), en relación a la ética la situación es más compleja, porque esas deficiencias no se corrigen tomando un curso de verano.
     El desuso de los valores tradicionales, por considerarlos obsoletos, sin establecer nuevos valores afecta de manera especial a la población joven, como resultado  de: la influencia debilitadora de la televisión; el cambio en la estructura familiar, el rompimiento de las relaciones entre la escuela y la comunidad, el inadecuado uso del internet. 
     Los adelantos tecnológicos y la globalización han traído algún progreso y desarrollo a los países latinoamericanos, pero también tiene responsabilidad en  la crisis de valores  en el siglo XXI, y la sociedad  exige actualmente al sistema educativo la formación en valores.  Además surgen otros nodos problematizadores, como  los  conflictos éticos que resultan del desarrollo de la ciencia y la tecnología (bioética, genética, geoética), donde al difundir los nuevos descubrimientos también deben divulgarse las consecuencias de estos desarrollos.  El respeto universal a la diversidad, donde la educación es un arma poderosa para luchar contra la discriminación sexual, racial y religiosa presente en las  sociedades y causante  de serios conflictos.  Las actitudes de intolerancia, la xenofobia y el racismo. El ataque renovado a la universalidad de los derechos humanos  amenaza con destruir los esfuerzos de las últimas décadas por construir una sociedad internacional uniforme sobre la base de valores comunes.

     La institución universitaria como tal debe,  a lo interno, aperturarse a un proceso profundo de revisión de su rol en la sociedad, fundamentalmente el referente a la formación técnica profesional y ética, que permita asumir nuevas actitudes frente a la dinámica emergente que impacta a la sociedad. En tal sentido, supone una evaluación para mejorar la función docente en aras de constituirse en un ente capaz de enfrentar retos y desafíos de cara a la era postmoderna. Una vez abierto éste compas, se activarán procesos de integración y amalgamiento con las demás funciones básicas esenciales que le den un nuevo matiz institucional en correspondencia a las demandas sociales. Sirva entonces mencionar, que frente a la carencia de valores o a la presencia de antivalores en la sociedad, es imprescindible la formación en valores que apunten a un nuevo raciocinio de cara a una convivencia solidaria entre los seres humanos, con la finalidad de establecer las bases de una ética del hombre del nuevo siglo.       

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