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Por: Mary Parra
V-11.757.692
Maestrante en Docencia Universitaria
Unellez Apure
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EDUCAR EN VALORES: ETICA Y EDUCACIÓN SUPERIOR
“Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer
de él alguien que no existía.” John
Ruskin.
Durkheim conceptualiza la educación como
“un proceso de transmisión cultural de una generación a otra”, también expresa
que “la acción de educar consiste en enseñar, desarrollar las facultades
intelectuales, morales y dirigir la inclinación del educando”. La
educación más que un fin es el medio a través del cual se desarrolla la
capacidad intelectual, moral y afectiva del individuo de acuerdo con la cultura
y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece.
En
Venezuela la educación es un derecho consagrado en la carta Magna, donde la educación informal es competencia de
la familia y la educación formal es
impartida en los centros educativos de educación preescolar, primaria, básica,
media y superior.
Cada una de las etapas previas supone el
establecimiento de los cimientos sobre los cuales se desarrollaran los
subsiguientes, y ello se evidencia claramente al hacer evaluación diagnóstica
que permiten la identificación de vacíos en las ciencias básicas y exactas
(lenguaje, matemáticas, biología y otros), en relación a la ética la situación
es más compleja, porque esas deficiencias no se corrigen tomando un curso de
verano.
El desuso de los valores tradicionales,
por considerarlos obsoletos, sin establecer nuevos valores afecta de manera
especial a la población joven, como resultado de: la influencia debilitadora de la
televisión; el cambio en la estructura familiar, el rompimiento de las
relaciones entre la escuela y la comunidad, el inadecuado uso del
internet.
Los adelantos tecnológicos y la
globalización han traído algún progreso y desarrollo a los países
latinoamericanos, pero también tiene responsabilidad en la crisis de valores en el siglo XXI, y la sociedad exige actualmente al sistema educativo la
formación en valores. Además surgen otros
nodos problematizadores, como los conflictos éticos que resultan del desarrollo
de la ciencia y la tecnología (bioética, genética, geoética), donde al difundir
los nuevos descubrimientos también deben divulgarse las consecuencias de estos
desarrollos. El respeto universal a la diversidad,
donde la educación es un arma poderosa para luchar contra la discriminación
sexual, racial y religiosa presente en las
sociedades y causante de serios
conflictos. Las actitudes de
intolerancia, la xenofobia y el racismo. El ataque renovado a la universalidad
de los derechos humanos amenaza con
destruir los esfuerzos de las últimas décadas por construir una sociedad
internacional uniforme sobre la base de valores comunes.
La institución universitaria como tal
debe, a lo interno, aperturarse a un
proceso profundo de revisión de su rol en la sociedad, fundamentalmente el
referente a la formación técnica profesional y ética, que permita asumir nuevas
actitudes frente a la dinámica emergente que impacta a la sociedad. En tal
sentido, supone una evaluación para mejorar la función docente en aras de
constituirse en un ente capaz de enfrentar retos y desafíos de cara a la era
postmoderna. Una vez abierto éste compas, se activarán procesos de integración
y amalgamiento con las demás funciones básicas esenciales que le den un nuevo
matiz institucional en correspondencia a las demandas sociales. Sirva entonces
mencionar, que frente a la carencia de valores o a la presencia de antivalores
en la sociedad, es imprescindible la formación en valores que apunten a un
nuevo raciocinio de cara a una convivencia solidaria entre los seres humanos,
con la finalidad de establecer las bases de una ética del hombre del nuevo
siglo.

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