lunes, 6 de junio de 2016

ANA LUISA JAZPE


Por: Abg. Ana Luisa Jazpe Camejo
V18015080
ana.jazpe.c@gmail.com
Cursante Maestría Docencia Universitaria
Unellez Apure.




    











EDUCAR EN VALORES: ÉTICA Y EDUCACIÓN SE COMBINAN

El cambio –y el reclamo del cambio– ha sido característica y exigencia del fin del siglo veinte.  Lo que ha ocasionado que nuestra época se caracterice por profundas transformaciones en prácticamente todos los órdenes de la vida humana. Las transformaciones sociales, económicas, políticas, culturales y educativas, de tan intensas y cotidianas, tienen alcances que apenas se vislumbran. Estamos en un momento crucial donde la ética y educación son aspectos de carácter esencial a nivel global ya que es casi imposible concebir que un mundo se articule eficientemente sino se tienen presente estos elementos fundamentales en la existencia social.
  Las dinámicas sociales con efectos paradójicos, dentro de una economía cada vez más globalizada pero segmentada entre países pobres y países ricos, la reaparición de los etnocentrismos, racismos y actitudes de intolerancia que han producido guerras devastadoras y conflictos en distintas regiones del planeta; en la geopolítica mundial con la conformación de un nuevo orden incierto en la comunidad internacional; en las formas de gobierno, resultantes del reclamo por la extensión cada vez mayor de la democracia, la libertad y la pluralidad; y finalmente, en una distribución de la riqueza cada vez más inequitativa, en la que millones de personas han pasado, en los últimos años, a engrosar el segmento de la población en pobreza extrema hacen que salga a flote con mayor relevancia  la ética y la educación en un mundo yuxtapuesto por posiciones religiosas, genero y patriarcado.
    En esta era de la postmodernidad, es importante la concepción ideológica de cada uno pero es imprescindible la unión de muchas voces con conciencia para lograr un objetivo, enfrentar una problemática. Es esencial la unión y no solo dar la razón a aquel que se crea más fuerte o quiera protagonizar para ser visto como el más importante, ya que sería contribuir al egoísmo que dista mucho de la ética y de dar muestras a una correcta educación. Subrayo lo expresado al principio, debemos vincular nuestro pensar y sentir por el avance de la humanidad, por el bienestar de todos, luchando para no dejarnos oprimir por quienes se creen más pudientes o más poderosos. Así no solo estaremos educados y mostraremos ética sino que estaremos  fortalecidos por esa fuerza poderosa de la alianza social.
  Visto desde esta perspectiva, el conjunto de educación y ética juega un papel elemental en lo que respecta a la construcción de un cambio para nuestra sociedad ya que ciertamente la ética regula necesariamente la actividad educacional, convirtiendo a la educación en la dimensión perfeccionadora de todas las otras estructuras de la sociedad en la que vivimos. De tal manera que ante las situaciones, problemas y necesidades emergentes, las respuestas a los nuevos retos tendrán que darse bajo paradigmas novedosos puesto que ya no son viables las respuestas pensadas para condiciones de épocas pasadas.
  Por cuanto son múltiples y muy diversos los desafíos que la educación superior tiene ante sí, puesto que en ocasiones, el contexto social no es siempre favorable para el óptimo desempeño de sus funciones y en otras circunstancias se presentan amenazas que tiene que sortear con estrategias creativas; pero el contexto social cambiante también le abre nuevas oportunidades de acción. Así la crisis genera retos a la imaginación de las instituciones educativas y les exige buscar nuevas formas en el cumplimiento de sus funciones sustantivas.
 Como fue reconocido en la Conferencia Mundial sobre Educación Superior, en una sociedad basada cada vez más en el conocimiento, “la educación superior y la investigación forman hoy en día la parte fundamental del desarrollo cultural, socioeconómico y ecológicamente sostenible de los individuos, las comunidades y las naciones. Por consiguiente, y dado que tiene que hacer frente a imponentes desafíos, la propia educación superior ha de emprender la transformación y la renovación más radicales que jamás haya tenido por delante”. “La segunda mitad de nuestro siglo pasará a la historia de la educación superior como la época de expansión más espectacular... Pero también es la época en que se ha agudizado aún más la disparidad, que ya era enorme, entre los países industrialmente desarrollados, los países en desarrollo y en particular los países menos adelantados en lo que respecta al acceso a la educación superior y la investigación y los recursos de que disponen”, Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción. Documento aprobado en la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, convocada por la UNESCO, París, 5-9 de octubre de 1998, publicada en Revista de la Educación Superior, No. 107, julio septiembre de 1998, ANUIES, México, p. 56.


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